Espada del Augurio
Por:Pedro Hugo Montero
El título de esta columna se inspira en el nombre comercial de una película de la saga Piratas del Caribe: Dead Men Tell No Tales (2017), conocida en español como La Venganza de Salazar.
Sin embargo, no hablaré de cine, sino de un personaje que, al igual que el temible Capitán Salazar de la ficción, parece tener un papel decisivo en un escenario lleno de tensiones: Ken Salazar, embajador de Estados Unidos en México.
Kenneth Lee Salazar, conocido en México como Ken Salazar, tiene una destacada trayectoria política. Durante la administración de Barack Obama, ocupó el cargo de Secretario del Interior, supervisando políticas relacionadas con recursos naturales, tierras públicas y conservación ambiental. En 2021, el presidente Joe Biden lo designó como embajador en México, un nombramiento respaldado por el Senado estadounidense. Gracias a su ascendencia mexicana, Salazar encontró una conexión cultural con el país, lo que, en teoría, lo posicionaba como un puente para fortalecer la cooperación bilateral en temas como desarrollo económico, lucha contra el narcotráfico y promoción de energías limpias.
Sin embargo, la realidad política que Salazar enfrentó en México estuvo lejos de ser simple.
Como mencioné en mi columna La Espada del Augurio del 20 de noviembre de 2024, Salazar dio al gobierno de Claudia Sheinbaum una advertencia preventiva sobre lo que podría ser una ofensiva inminente del próximo gobierno de Donald Trump. Según su perspectiva, Trump adoptará una postura extremadamente dura contra el narcotráfico, y sus posibles nombramientos ya anticipan un enfoque que podría considerarse «antimexicano«. Salazar también parece tomar distancia de la administración de López Obrador, en un movimiento que algunos interpretan como un intento de protegerse de las propias agencias de seguridad y justicia de Estados Unidos. En un escenario más extremo, se ha especulado que, para evitar procesar a AMLO, las autoridades estadounidenses podrían optar por enfocarse en figuras como el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha.
En su última conferencia de prensa como embajador, Ken Salazar reafirmó una declaración que causó incomodidad en el gobierno mexicano: “El fentanilo sí se produce en México”. Sus palabras desafiaron los desmentidos oficiales del gobierno de México y de figuras de Morena sobre un reportaje del New York Times que documenta la producción de esta droga en el país.
Salazar subrayó que el debate sobre si el fentanilo se produce o no en México es irrelevante y que lo importante es abordar el problema de manera conjunta.
Además, Salazar reveló un objetivo claro del gobierno estadounidense: “Desmantelar al Cártel del Pacífico, de Sinaloa”. Este objetivo, según él, ya se está ejecutando con colaboración entre ambos gobiernos. En ese contexto, aconsejó a Sheinbaum identificar las prioridades de Trump y buscar áreas de cooperación, como inversiones en el sur-sureste de México para frenar la migración. Sin embargo, la respuesta de Sheinbaum fue contundente, afirmando que México mantendrá una postura firme frente a cualquier intento de injerencia externa.
Ken Salazar, como embajador, ha sido un actor clave en la relación entre México y Estados Unidos. Sus declaraciones y recomendaciones trazan una hoja de ruta para enfrentar los retos que la próxima administración estadounidense podría imponer. Sin embargo, la postura de México ante estos desafíos será fundamental para definir no solo su soberanía, sino también el equilibrio en una relación bilateral llena de tensiones históricas. Al parecer Sheinbaum, hizo caso, aunque tardíamente, a las recomendaciones de Salazar, pues casualmente se han dado los mayores decomisos de fentanilo, y eso que según ella, aquí no se produce ni se distribuye. Y prefirió desviar la atención al pedir investigar si Carlos Slim es accionista del New York Times por reportaje sobre fentanilo, el cual ella calificó de “poco creíble”.
