Espada del Augurio Por:Pedro Hugo Montero
Este 2025, México vivirá una elección inédita: por primera vez en su historia, se votará de forma directa a jueces, magistrados y hasta ministros. Suena democrático. Suena transformador. Pero la realidad es otra.
Lo que debería ser un ejercicio de legitimación ciudadana ha terminado convertido en un montaje político, opaco, sin rumbo… y plagado de candidatos impresentables.
Porque, ¿de qué sirve votar si las opciones ya vienen podridas desde el origen?
Ya lo hemos advertido antes: esta elección judicial no busca justicia, sino obediencia política. Y por si alguien dudaba, basta repasar la lista de aspirantes que hoy circula en medios y redes, todos con señalamientos graves, por ejemplo:
– Silvia Delgado, exabogada de Joaquín “El Chapo” Guzmán, candidata a jueza penal.
– Francisco Herrera Franco, conocido como el fiscal del terror, acusado de vínculos con el crimen organizado.
– Edgar Rodríguez Beiza y Francisco Martín Hernández Zaragoza, señalados por abuso sexual.
– Job Daniel Wong Ibarra, exministro de la iglesia La Luz del Mundo, relacionada con pederastia sistemática.
– Lulú Ríos, candidata a juez penal en Chihuahua, en redes sociales han generado discusión sobre su imagen y su candidatura, que la han denigrado al punto de llamarla la candidata para el Only Fans o del Table Dance del Bienestar;
– Arístides Guerrero quiere ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y dijo estar “más preparado que un chicharrón”, por mencionar algunos.
¿Ese es el nuevo Poder Judicial que nos quieren vender? ¿Con qué cara se atreven a llamarlo “reforma democrática”? ¿Realmente merecemos eso?
El respaldo a personajes así confirma lo que muchos temíamos: no se está buscando justicia, se está construyendo complicidad. El proceso ha sido opaco, sin filtros reales, sin deliberación pública, sin ética. Como bien lo resumió una usuaria en X:
“¿Para qué votar por jueces si ya están pactados desde antes?”
La cereza del cinismo la pone el caso de Yasmín Esquivel, aún señalada por plagio y corrupción, pero respaldada por el oficialismo como si nada. Lejos de limpiar al sistema judicial, lo están maquillando con nuevas lealtades, no con nuevas capacidades.
Incluso en la Ciudad de México, donde se presume institucionalidad, el IECM y el INE organizan foros y simulacros como si esto fuera una elección limpia. Pero lo que hay detrás es una simulación democrática con sabor a dedazo.
Testimonio desde la capital
Durante una mesa en Punto Medio, transmitida por Milenio TV, el vicecoordinador del PAN en el Congreso de la Ciudad de México, Diego Garrido, fue tajante:
“Esto es una simulación. La gente no es tonta, sabe que los candidatos fueron impuestos mediante tómbola, comités preseleccionadores y designaciones del partido oficial”.
Y añadió: “Los aspirantes hacen el ridículo porque no tienen herramientas para hacer campaña. No están acostumbrados a competir por ser el más popular, el más gracioso, el de mejor propuesta. Estamos frente a un arranque de campañas desangelado, que no nos llevará a nada”.
Aunque reconoció que sí hay algunos perfiles valiosos, provenientes de la academia o del propio Poder Judicial, también advirtió que la gente no sabe cómo votar, y que el proceso será caótico. Nueve boletas, cientos de nombres, sin claridad ni incentivos reales para participar. El resultado previsto: abstencionismo y confusión.
Falta de interés… hasta de los propios candidatos
Un ejemplo claro: de 612 aspirantes a magistraturas y jueces locales en la CDMX, apenas 295 aceptaron participar en los debates organizados por el IECM. La convocatoria, lanzada con urgencia, se cerró apenas unos días después con una respuesta tibia y desinteresada.
Los encuentros se llevarán a cabo entre el 24 y el 30 de abril. Serán grabados vía Teams y publicados días después. Pero incluso ese esfuerzo institucional parece condenado al olvido. Sin difusión, sin interés, sin impacto.
El teatro ya tiene libreto… y el pueblo sólo es el público
- Esta elección judicial no empodera al pueblo: lo engaña.
- No democratiza al Poder Judicial: lo somete.
- Y no abre las puertas a una nueva justicia: instala un nuevo clientelismo, ahora con votos como coartada.
- No hay democracia posible cuando el menú está podrido y la cocina contaminada.
- Y esta farsa, escrita desde el poder, no merece aplausos. Merece denuncia.

