El movimiento «woke» comenzó en Estados Unidos como una expresión que denotaba conciencia social, particularmente en relación con la justicia racial y los derechos civiles. El término «woke» proviene del verbo «wake» (despertar), es decir, estar «despierto» ante las injusticias y desigualdades, especialmente en lo que respecta a la discriminación racial.
Originalmente, el movimiento se asoció con la lucha contra la discriminación y la opresión, enfocándose en temas como el racismo, el feminismo, los derechos LGBTQ+, la justicia económica y los derechos de los pueblos indígenas. En las últimas décadas, el término ha evolucionado y se ha utilizado de manera más crítica.
Hoy en día, muchos lo asocian con una corrección política extrema, y es utilizado de manera despectiva por críticos que consideran que el «woke» promueve una cultura de cancelación, limitación de la libertad de expresión y un enfoque demasiado rígido sobre temas de identidad.
A mi percepción, es lo que en México ha incrementado las sensaciones y sentimientos de la generación Mazapán, personas que proyectan su imagen como frágiles, susceptibles o que se ofenden fácilmente. La metáfora del «mazapán» alude a lo quebradizo de este dulce mexicano, sugiriendo que estas personas no toleran críticas, desacuerdos o situaciones de alta presión, lo que los lleva a incrementar las tensiones generacionales y culturales que surgen en temas de justicia social, libertad de expresión y cambios en las normas sociales.
En este sentido, el «woke» se ha convertido en un fenómeno polarizante, especialmente en el contexto político.
Críticos como Donald Trump, Javier Milei y Ricardo Salinas Pliego han señalado al «woke» como una amenaza a los valores tradicionales, sugiriendo que está asociado con la censura, el revisionismo histórico y la imposición de una ideología que limita el debate y la libertad de pensamiento. Por otro lado, defensores del movimiento lo ven como un avance en la lucha por la igualdad y la justicia social.
Es un tema controvertido que se ha expandido más allá de Estados Unidos, influenciando también las discusiones políticas en otros países, como México.
Trump ha sido un crítico feroz del movimiento «woke», considerándolo como un ataque a la libertad de expresión y un intento de imponer una agenda progresista que amenaza los valores estadounidenses tradicionales. Ha vinculado el «woke» a la cancelación de figuras públicas y la represión de opiniones. Recientemente Trump culpó a los requisitos de diversidad de la Administración Federal de Aviación (FAA, por su sigla en inglés) y a sus dos predecesores demócratas de la colisión en pleno vuelo sobre el río Potomac el miércoles 29 de enero por la noche, afirmando que los estándares para los controladores aéreos habían sido demasiado laxos.
Milei, similarmente, ve al movimiento “woke” como un símbolo de debilidad cultural y económica que favorece el caos sobre la estabilidad.
Ricardo Salinas Pliego y otros líderes empresariales en México están tomando una postura pública contra el uso del lenguaje «woke», prohibiéndolo en sus empresas y destacando su impacto en los medios. Esto refleja una crítica a la corrección política excesiva.
Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura firme en favor de la igualdad de género y la justicia social. En su discurso de toma de posesión como presidenta electa, destacó la importancia de la igualdad y la libertad para las mujeres mexicanas, enfatizando que su victoria es colectiva y no solo personal. Además, rindió homenaje a mujeres históricas y anónimas que han luchado por la justicia y la igualdad durante siglos.
En cuanto al movimiento «woke», no se han encontrado declaraciones específicas de ella sobre este tema. Sin embargo, su énfasis en la igualdad y la justicia social sugiere una afinidad con los principios que promueve este movimiento.
Si Sheinbaum se alinea con la postura de sus homólogos de Estados Unidos y Argentina, podría polarizar aún más el ambiente político, fortaleciendo su base conservadora pero enfrentando a quienes apoyan derechos más inclusivos, podría fortalecer su imagen ante sectores más conservadores, pero también arriesgaría perder una parte de su base. ¿Caerá en la trampa?
