Espada del Augurio
Por: Pedro Hugo Montero
Originalmente, esta columna iba a titularse Meritocracia vs. Azar, pero conforme avanzaba en mi investigación, me asusté más. Al reflexionar sobre las difíciles circunstancias que enfrentan los empleados del poder judicial —situaciones profesionales, gremiales y personales— me vino a la mente una frase de mi infancia que ahora uso como título.
La frase «¿Y ahora quién podrá defendernos?» es icónica en la cultura popular mexicana y proviene del personaje El Chapulín Colorado, creado e interpretado por Roberto Gómez Bolaños (Chespirito). En el programa, los personajes recurrían a esta frase cuando se encontraban en dificultades. Algo similar ocurrió el 12 de octubre en el Senado, cuando mediante una tómbola se destituyeron a 711 juzgadores, una situación que nos hace a todos repetir esa frase en la realidad. Incluso medios como La Jornada, cercanos a la izquierda, no pudieron suavizar lo evidente: el estado de derecho se ha perdido y la justicia se rifa.
El proyecto de reforma judicial en México, que supuestamente busca “transformar de fondo” el sistema, presenta un punto especialmente polémico: la idea de que los jueces sean elegidos por sorteo. Esto genera inquietud sobre cómo afectará la calidad de las decisiones judiciales y si realmente mejorará la equidad en el acceso a estos puestos clave, y por ende, en la justicia que reciben los mexicanos. El Senado ha determinado que las plazas de jueces y magistrados serán elegidas en 2025, y ya hay 139 vacantes que serán llenadas. El martes emitirán la convocatoria.
¿Es esta una expresión del resentimiento y la envidia que tienen los representantes de Morena? Todo parece indicar que sí. Han presentado el proceso como un reality show, cuyo impacto es principalmente mediático por ahora, pero las consecuencias de esta elección influirán permanentemente en la vida de millones de mexicanos. Un ejemplo de esto fue el comentario del presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, quien, en tono de burla, dijo: «De aquí a la Lotería Nacional«, restando importancia a la destrucción del sistema judicial desde sus cimientos.
El debate sobre si la meritocracia se ve afectada con esta propuesta es fundamental. La meritocracia se basa en que las posiciones deben obtenerse por mérito, es decir, por habilidades, experiencia y logros. Elegir jueces por sorteo es un desafío directo a este principio, sustituyendo las cualificaciones por la aleatoriedad.
Algunos defensores del sorteo argumentan que podría democratizar el acceso a estas posiciones, evitando la concentración de poder en las élites y combatiendo problemas como la corrupción o el nepotismo. Sin embargo, la corrupción ha sido una constante en todos los partidos, sin importar su bandera política. Aunque ha habido avances para limitarla, sigue profundamente arraigada.
El nepotismo, por su parte, está en el ADN de la clase política.
Un ejemplo claro es el reportaje publicado el 30 de junio de 2024 en El Sol de México, titulado «Seis familias cercanas a AMLO dominan en la 4T», en el que se mencionan a 26 miembros de seis familias cercanas al presidente que ocupan cargos en los tres poderes y niveles de gobierno. Entre ellas destacan los Alcalde Luján, Taddei, Monreal Ávila, Batres Guadarrama, Godoy Ramos y los López Hernández.
A pesar de todo, alcancé a percibir una luz al final del túnel. El alcalde de Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe, ha puesto en marcha el programa «Jueces por la Libertad». A través de su cuenta de X (antes Twitter), anunció que el 16 de octubre se publicará una convocatoria para quienes aspiren a ser jueces y magistrados, con las inscripciones en noviembre. Tabe dijo que es un proceso que no puede ser ajeno a las vecinas y vecinos de su alcaldía, y que buscará fortalecer la independencia del poder judicial para evitar que sea capturado por el gobierno.
En términos generales, la opinión pública y los expertos están divididos. Algunos consideran que el sorteo puede democratizar el acceso a la judicatura, mientras que otros temen que este proceso socave los principios de un sistema de justicia eficiente, al dejar de lado la experiencia y la preparación necesarias para ejercer con éxito.
Consulté a varios abogados, todos alejados de la política, y encontré que sus opiniones también están divididas. Sin embargo, coincidieron en un punto importante: aunque el sorteo pueda parecer más equitativo, no garantiza que se haga lo que se debe, sino lo que les ordenen. Están preocupados porque este sistema podría ignorar principios fundamentales como la justicia, la ética y la honorabilidad.

